Oración del Credo

Oración del Credo

Creo en Dios, Padre Todopoderoso,
Creador del cielo y de la tierra. 
 
Creo en Jesucristo, su único Hijo, Nuestro Señor,
que fue concebido por obra y gracia del Espíritu Santo,
nació de Santa María Virgen, 
padeció bajo el poder de Poncio Pilato
fue crucificado, muerto y sepultado, 
descendió a los infiernos,
al tercer día resucitó de entre los muertos,
subió a los cielos
y está sentado a la derecha de Dios, Padre todopoderoso.
Desde allí ha de venir a juzgar a vivos y muertos.
 
Creo en el Espíritu Santo, 
la santa Iglesia católica,
la comunión de los santos,
el perdón de los pecados,
la resurrección de la carne
y la vida eterna.
Amén.

Origen e historia de la oración del Credo

La oración del Credo, también conocida como el Credo Niceno, es una declaración de fe cristiana que ha desempeñado un papel significativo en la liturgia y la doctrina de muchas denominaciones cristianas a lo largo de la historia. Su origen se remonta al Concilio de Nicea en el año 325 d.C., aunque su desarrollo y evolución a lo largo de los siglos han dejado una marca indeleble en la tradición cristiana.

Concilio de Nicea y el Primer Credo Niceno

El Concilio de Nicea, convocado por el emperador Constantino en el año 325 en Nicea (hoy Iznik, Turquía), fue un evento crucial en la historia temprana del cristianismo. La principal preocupación del concilio era abordar las controversias teológicas que surgieron, especialmente la herejía arriana, promovida por el sacerdote Arius. Esta herejía cuestionaba la relación entre Jesucristo y Dios Padre.

Para abordar estas cuestiones teológicas y establecer una declaración unificada de fe, los líderes de la Iglesia se reunieron en Nicea. Fue durante este concilio que se formuló el primer Credo Niceno. Este credo fue una respuesta directa a las enseñanzas de Arius y afirmaba la divinidad de Jesucristo en relación con el Padre. Aunque la versión original era más corta que la que conocemos hoy, ya contenía las declaraciones fundamentales de la fe cristiana en la Trinidad.

oración del Credo

Desarrollo y Ampliación de la oración del Credo

A lo largo de los siglos, el Credo Niceno experimentó varias revisiones y ampliaciones a medida que la Iglesia enfrentaba nuevas controversias teológicas y lidiaba con la expansión del cristianismo a diferentes regiones del mundo.

Una de las expansiones más significativas ocurrió en el Primer Concilio de Constantinopla en el año 381. En este concilio, se añadieron cláusulas que afirmaban la divinidad del Espíritu Santo, completando así la formulación trinitaria que conocemos en la actualidad. Estas adiciones se hicieron para abordar la herejía macedoniana, que negaba la divinidad del Espíritu Santo.

El resultado de estas revisiones y expansiones fue el Credo Niceno-Constantinopolitano, la forma más comúnmente recitada en la liturgia cristiana. Este credo no solo se convirtió en un símbolo de la ortodoxia cristiana, sino que también proporcionó una base teológica sólida para la comprensión de la Trinidad en la fe cristiana.

Importancia Litúrgica y Teológica

La oración del Credo se incorporó rápidamente a la liturgia cristiana, especialmente en la celebración de la Eucaristía. Su recitación se convirtió en un acto litúrgico significativo que unificaba a la comunidad de creyentes en la expresión común de su fe.

oración del Credo

Desde un punto de vista teológico, el Credo se convirtió en un referente esencial para la comprensión de la fe trinitaria. La afirmación de la unidad de Dios en tres personas distintas – Padre, Hijo y Espíritu Santo – se convirtió en un pilar central de la teología cristiana.

Diversidad en su Recitación

A pesar de su importancia, es interesante destacar que las diferentes ramas del cristianismo han desarrollado variaciones en la recitación del Credo. La Iglesia Católica y la Iglesia Ortodoxa tienen ligeras diferencias en la formulación, reflejando las divisiones históricas y teológicas que surgieron a lo largo de los siglos.

Cómo rezar el Credo

Para rezar el Credo, comienza por hacer la señal de la cruz con reverencia y recogimiento. Luego, pronuncia las palabras del Credo lentamente y con devoción, meditando en su significado y en la fe que profesas. Es importante que tu corazón esté dispuesto a recibir la verdad de la fe que estás proclamando.

Conecta con cada una de las afirmaciones del Credo y hazlas tuyas, renovando tu compromiso con la fe cristiana. Puedes reflexionar sobre lo que significa cada parte del Credo y cómo se manifiesta en tu vida diaria. La oración del Credo es una oportunidad para fortalecer tu fe y para recordar las verdades fundamentales de la doctrina cristiana.

Cómo rezar el Credo

Al rezar el Credo en comunidad, une tu voz y tu corazón a los demás fieles presentes, formando así un solo cuerpo en Cristo. Escucha las voces de tus hermanos y hermanas en la fe y únete a ellas en un acto de comunión y fraternidad. La oración del Credo es una expresión de la unidad de la Iglesia en la fe común.

Al terminar de rezar el Credo, agradece a Dios por el don de la fe y por la oportunidad de profesarla públicamente. Pide al Señor que te ayude a vivir de acuerdo con los principios de la fe que has proclamado y que te dé la gracia de ser testigo de su amor en el mundo. Que la oración del Credo sea para ti un momento de encuentro con Dios y de renovación espiritual.

Credo Niceno Constantinopolitano largo

El Credo Niceno Constantinopolitano largo es una versión extendida del Credo Niceno, una de las profesiones de fe más importantes en el cristianismo. Este credo fue formulado en los Concilios de Nicea en el año 325 y de Constantinopla en el año 381.

Este credo es utilizado por diversas confesiones cristianas, incluyendo la Iglesia Católica, la Iglesia Ortodoxa y la Comunión Anglicana. Es una declaración de fe que expresa las creencias fundamentales en la Santísima Trinidad y en la doctrina de la Iglesia.

Credo Niceno Constantinopolitano largo

El Credo Niceno Constantinopolitano largo comienza con las palabras “Creo en un solo Dios, Padre todopoderoso, Creador del cielo y de la tierra, de todo lo visible e invisible”. Estas palabras resumen la creencia en la unicidad de Dios y en su papel como Creador del universo.

Creo en un solo Dios, Padre todopoderoso,
Creador del cielo y de la tierra,
de todo lo visible e invisible.

Y en un solo Señor Jesucristo,
Hijo único de Dios,
engendrado, no creado, de la misma naturaleza del Padre.
Por quien todo fue hecho.
Que por nosotros, los hombres, y por nuestra salvación,
descendió del cielo,
y por obra del Espíritu Santo
se encarnó de María, la Virgen,
y se hizo hombre.
Y por nuestra causa fue crucificado bajo Poncio Pilato,
padeció y fue sepultado,
y al tercer día resucitó, según las Escrituras,
y subió a los cielos,
y está sentado a la derecha del Padre.
Y de nuevo vendrá con gloria
para juzgar a vivos y muertos,
y su reino no tendrá fin.

Creo en el Espíritu Santo, Señor y dador de vida,
que procede del Padre y del Hijo,
que con el Padre y el Hijo recibe la misma adoración y gloria,
y que habló por los profetas.

Creo en la Iglesia, una, santa, católica y apostólica.
Confieso que hay un solo bautismo
para el perdón de los pecados.
Espero la resurrección de los muertos
y la vida del mundo futuro. Amén.

Una de las secciones más destacadas de este credo es la declaración de fe en Jesucristo como “Dios verdadero de Dios verdadero, engendrado, no creado, de la misma naturaleza del Padre”. Esta afirmación subraya la divinidad de Jesucristo, un punto central en la teología cristiana.

Por lo tanto, el Credo Niceno Constantinopolitano largo es una expresión de la fe cristiana que ha perdurado a lo largo de los siglos, uniendo a los creyentes en la creencia en un solo Dios trino y en la salvación a través de Jesucristo.

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